“Evoco a Dios y María Santísima, con la finalidad de que este sencillo escrito me guíe siempre en el camino a seguir”.
La determinación de mantener viva nuestra fe y nuestras raíces nos traslada al año 1985. En aquel entonces, por iniciativa de mi colega y amiga María de Martínez (cariñosamente conocida como «Maruja»), surgió la luminosa idea de retomar una tradición que había sido pilar en nuestra comunidad gracias a figuras inolvidables como la señora Ignacia Barreto, el señor Teodoro Hernández, Alí Torrealba y el señor Lázaro.
En una época donde la incertidumbre y las influencias ajenas a la presencia de Dios parecían ganar terreno en escuelas y calles, el gesto de Maruja fue un acto de defensa espiritual y cultural. Aquella primera cruz se talló con la noble madera de un árbol de jobo que crecía frente a la casa de la señora Gloria; fue su esposo, Teodardo Reinoso, el encargado de cortarla para dar inicio a esta historia de devoción.
Los comienzos estuvieron marcados por la sencillez y la naturaleza. Jóvenes de la época como Haidee Luzón, Silvia, Nilda Pinto y otras amigas, acompañadas por María Luzón, subían al camposanto local. Allí, con profundo respeto y sin perturbar el descanso de nuestros difuntos, recolectaban las flores de amapola que en aquel entonces abundaban en el lugar, para adornar el madero y esperar la tarde, entre rezos y versos.
Con el paso de los años y la llegada del nuevo milenio en el año 2000, nuestra labor continuó con humildad. Aunque nos sentíamos «novatas» por no contar aún con expertos que nos instruyeran en el arte de la fulía y los cantos tradicionales de velorio, no permitimos que eso detuviera nuestro propósito. Decidimos proyectar la tradición hacia el calor de los hogares, llevando los rezos a distintas casas durante todo el mes de mayo.
Esta misión, que ya suma 16 años de actividad ininterrumpida, ha sido abrazada con júbilo por un nutrido grupo de familias y vecinos del Casco Central. Gracias a la organización coordinada y armoniosa de la comunidad, hemos logrado preservar este legado. Entre las familias y personas que han hecho esto posible se encuentran:
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Martínez Verenzuela, Luzón Ribas, Hernández Arguinzones y Delgado Clemente.
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Las familias Rondón, González Clemente, Reinoso, Rada González y Montesdeoca.
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Anita Parra, Josefina Méndez, la familia Parra, Cabrera Díaz, Castillo Contreras y la familia Argueta.
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Las familias Martínez y Sáez, Aida de Mujica, la señora Roxana, familia Berroterán y familia Piña.
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Aurora Delgado, la familia Farías, Echezuría y Silvia Hernández.
Hoy, esta tradición no es solo un recuerdo del pasado, sino un testimonio vivo de la identidad de nuestro pueblo, reafirmando que, a través de la unión vecinal, la fe siempre encuentra su camino.
Reseña Amanda Clemente de Delgado
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Amanda Clemente de Delgado (lado derecho) y Bertha Arguinzones de Hernández (lado izquierdo), durante la celebración de la Cruz de Mayo en el casco central de Las Tejerías. 3 de mayo de 2026.







Qué orgullo ver cómo la fe y la unión de la comunidad siguen dando vida a nuestras tradiciones. Felicitaciones a todas las familias y vecinos por mantener y rescatar la Cruz de Mayo, una herencia que nos identifica y nos une generación tras generación. 🙏