Ángel Cuarta Munares, maestro de maestros de Las Tejerías y educador querido en Las Tejerías y El Consejo.

El Maestro Ángel Cuarta Munares

Hay maestros que transmiten conocimientos y hay otros que, con su ejemplo, dejan enseñanzas que permanecen mucho después de haber dejado las aulas. Ángel Cuarta Munares fue uno de esos maestros cuya vocación, entrega y manera de entender la educación dejaron una huella profunda en varias generaciones de alumnos de Las Tejerías y El Consejo.

Llamarse maestro encierra mucho más que el simple hecho de ejercer una profesión. Significa tener vocación, paciencia, entrega y una verdadera disposición para servir a los demás. Es llevar encendida una llama interior, alimentada por el amor a la enseñanza, la dedicación y el deseo de formar a quienes pasan por sus aulas. Ángel Cuarta reunió esas cualidades durante su trayectoria como educador y, por su dedicación absoluta y desinteresada, fue conocido por muchos como “maestro de maestros”.

Este ilustre educador nació en Las Tejerías el 25 de septiembre de 1935, hijo de Miguel Cuarta y Felicia Munares. Cursó sus estudios de primaria en la Escuela Rafael María Carabaño y, desde muy joven, encontró en la educación el camino al que quería dedicar su vida. Con ese propósito se trasladó a Caracas, donde ingresó al Instituto de Mejoramiento Profesional y obtuvo su título de maestro.

Contrajo matrimonio con Irene Delgado, de cuya unión nacieron sus hijas Audrey y Carmen, quienes también siguieron el camino de la educación y se convirtieron en educadoras, continuando así una vocación que había comenzado en su padre.

Su carrera como maestro comenzó el 1 de octubre de 1959, cuando ingresó a la Escuela Rural Cañaote, ubicada en Quebrada de Guayas, a unos siete kilómetros de Las Tejerías. Allí permaneció durante diez años ininterrumpidos, desempeñando una labor que en aquella época iba mucho más allá de las obligaciones propias de un maestro de escuela.

En aquella comunidad rural no existía una medicatura, por lo que el maestro también debía estar dispuesto a ayudar en situaciones que hoy corresponderían a otros servicios. Ángel Cuarta tuvo que aprender a atender heridas, prestar auxilio y resolver algunas necesidades de salud de los habitantes de la zona. Así, además de enseñar a sus alumnos, terminó convirtiéndose en una persona de confianza para aquella comunidad.

Después de su paso por Cañaote, fue trasladado a la Escuela Encarnación de Nieves, en Las Tejerías. Más adelante, su trayectoria lo llevó hasta El Consejo, donde el profesor José Julián Navarro Montero lo llamó para asumir el cargo de subdirector del Grupo Escolar Juan Uslar, en el municipio Revenga.

Estar junto al profesor Navarro representó un nuevo reto en su carrera, pero Ángel Cuarta asumió aquella responsabilidad con la misma dedicación que había demostrado desde sus primeros años. Posteriormente le correspondió ocupar la dirección del plantel, una de las instituciones educativas reconocidas de la región de Aragua.

Fue allí donde terminó de consolidarse ese vínculo especial que mantuvo con la comunidad de El Consejo. Su carácter sereno, su humildad y su trato cercano hicieron que los habitantes de aquella población lo adoptaran como uno de sus hijos. Su presencia quedó ligada a la vida de la escuela y a los recuerdos de numerosas generaciones de estudiantes.

Entre tantos recuerdos de su paso por el Grupo Escolar Juan Uslar, permanece uno especialmente significativo. Cada mañana, antes de comenzar las clases, los alumnos se reunían en el patio central de la escuela para realizar las oraciones. Con la sencillez que siempre lo caracterizó, el maestro Ángel Cuarta les impartía su bendición antes de iniciar la jornada.

Aquellos pequeños momentos terminaron convirtiéndose en recuerdos que acompañaron a sus alumnos durante toda la vida. Muchos de quienes pasaron por sus aulas conservaron la imagen de aquel maestro que, con palabras sencillas y una actitud cercana, supo ganarse su respeto y su cariño. Años después, quienes fueron sus alumnos todavía podían encontrarse con él en las calles, avenidas o cualquier otro lugar, y recibir de nuevo su saludo y aquella bendición que formaba parte de sus recuerdos de infancia.

Su vida también tuvo una etapa de participación en la actividad política. Militó en el partido socialcristiano COPEI y, en 1995, se postuló como candidato a la Alcaldía del entonces municipio Santos Michelena, respaldado por esa organización política. En aquella elección se enfrentó al candidato Ramón Martínez, de Acción Democrática, quien resultó electo por un margen reducido de votos.

Sin embargo, sería su trayectoria como educador la que definiría principalmente el lugar que Ángel Cuarta Munares ocuparía en la memoria de quienes lo conocieron. Durante décadas, su nombre estuvo asociado a la escuela, a la formación de niños y jóvenes y a esa manera particular de ejercer el magisterio con humildad, responsabilidad y vocación de servicio.

El 16 de septiembre de 2010, a los 75 años de edad, Ángel Cuarta Munares falleció en la tranquilidad de su hogar, rodeado por sus familiares más cercanos.

Pero la vida de un maestro no termina cuando deja las aulas. Permanece en cada generación que ayudó a formar, en las enseñanzas que transmitió y en los recuerdos que sus alumnos conservan con el paso de los años.

En Las Tejerías y El Consejo, su nombre quedó unido para siempre a la educación y a una forma humana y cercana de enseñar. Fue un maestro que entendió que educar no era solamente transmitir conocimientos, sino también acompañar, orientar, servir y enseñar con el ejemplo.

Ángel Cuarta Munares dejó mucho más que lecciones en los cuadernos. Dejó una huella en la vida de quienes alguna vez fueron sus alumnos y una historia que forma parte de la memoria educativa de nuestros pueblos. Porque mientras aquellos niños que recibieron sus enseñanzas sigan contando sus historias, recordando sus palabras y transmitiendo a nuevas generaciones lo que aprendieron de él, la voz del maestro seguirá presente.

Reseña histórica: Antonio Pestana
www.lapuertadearagua.com

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