Panadería la mansión de la Gloria Las Tejerías
Ligia María Álvarez

Ligia María Álvarez: Una vida al servicio de la educación y la comunidad

En la localidad de Las Tejerías, estado Aragua, nació el 19 de enero de 1930 una mujer cuyo nombre quedaría grabado en la historia educativa de su pueblo. Ligia María Álvarez, hija de Pedro García y Visitación Álvarez, creció en un hogar donde el valor del estudio se vivía con disciplina y entusiasmo.

Su infancia fue como la de muchas niñas de su tiempo: alegría y juegos siempre acompañados por el compromiso temprano con el aprendizaje. Empezó sus estudios primarios en la Escuela Federal de Niñas bajo la guía de la docente Josefina Rojas y continuó su formación hasta el sexto grado en la Escuela Estadal Graduada “Rafael María Carabaño”, donde consolidó las bases que la llevarían a convertirse en maestra.

Impulsada por su amor a la docencia, Ligia continuó su formación en Caracas, realizando estudios de Mejoramiento Profesional en Educación Primaria, y más tarde se especializó con múltiples cursos de pedagogía y entrenamiento docente en Maracay y La Victoria. Su formación abarcó desde matemáticas y lenguaje hasta técnicas de instrucción y dirección de reuniones, demostrando una sed constante por crecer profesionalmente.

La dedicación de Ligia a la educación comenzó con iniciativa propia, en 1948, al fundar un aula preescolar en un local arrendado en la calle Sucre de Las Tejerías. Su espíritu pionero la llevó luego a la Escuela Unitaria Rural con sede en Morocopo. En 1957 ingresó a la Escuela Estatal Graduada Jacob Pérez Carvallo, donde su entrega, liderazgo y cariño por los estudiantes la llevaron a asumir primero la subdirección en 1959 y, posteriormente, la dirección de la institución en 1974.

Durante su trayectoria en el Jacob Pérez Carvallo, Ligia trabajó con colegas cuya pasión por la enseñanza reflejaba la misma dedicación que ella imprimía en cada jornada: Antonio Parra, Rosalinda de Díaz, Aura Paredes, entre otros. Con el paso de los años, muchos otros maestros se sumaron a su labor, formando junto a ella una comunidad docente comprometida con el crecimiento de generaciones de niños y niñas.

Después de décadas de servicio incansable, en 1983 la autoridad regional le concedió su jubilación, dando paso a la docente Rosario Silva de Miquilena. Sin embargo, su legado permaneció en cada aula, en cada maestro que la acompañó y en cada estudiante que pasó por su enseñanza.

Más allá de su vocación profesional, Ligia María vivió una fe profunda y constante, manifestada en su devoción a Jesús de Nazaret (El Nazareno), una tradición que continuó desde sus abuelos Julio y María de Álvarez y que la acompañó con fervor a lo largo de toda su vida.

Ligia no solo fue maestra: fue un faro de inspiración para todos los que tuvieron la dicha de conocerla, aprendiendo de ella no solo contenidos, sino respeto, paciencia y amor por el otro. Su vida se apagó físicamente el 17 de enero de 2004, apenas dos días antes de cumplir 74 años, dejando un hondo vacío en su comunidad y un recuerdo imborrable en quienes compartieron sus pasos. Años más tarde, en 2017, ese legado sería honrado oficialmente cuando el Consejo Municipal de Las Tejerías le otorgó la Orden “Dora Torrealba” en su Única Clase, Post Mortem, reconocimiento que no hizo más que confirmar lo que su pueblo ya sabía: que su entrega a la educación fue ejemplo, guía y semilla de futuro.

Reseña histórica: Antonio Pestana
www.lapuertadearagua.com

Ligia María Álvarez

La Maestra Ligia M. Álvarez, a los 19 años de edad.
Fotografía: José Luis Álvarez.

Ligia María Álvarez

La Maestra Ligia Álvarez (1963).
Fotografía: José Luis Álvarez.

Ligia María Álvarez

La Maestra Ligia Álvarez.
Fotografía: Glenys Cabrera