En la memoria viva de Las Tejerías hay nombres que no necesitan monumentos, porque quedaron sembrados en el afecto del pueblo. Uno de ellos es el de Joaquín Da Rocha Sabenca, el hombre del saludo eterno, el del “¿Cómo Sigue?”, pronunciado con una sonrisa amplia y sincera que todavía parece resonar en las esquinas del recuerdo.
Joaquín Da Rocha Sabenca nació en Portugal el 12 de septiembre de 1927, hijo del señor Ogusto Sabenca y la señora Da Rocha. Su infancia y adolescencia transcurrieron en su tierra natal, donde aprendió el oficio de reparar bicicletas y desarrolló su pasión por el ciclismo, habilidades que más adelante marcarían su destino.
En 1949, con apenas 22 años, su madre lo envió a Venezuela para reunirse con su padre, quien trabajaba como tonelero en la Hacienda Santo Domingo. Al llegar, Joaquín permaneció por breve tiempo en Caracas, laborando en un taller. Sin embargo, pronto se trasladó a la hacienda para acompañar a su padre. Cuando este enfermó y regresó a Portugal, Joaquín decidió quedarse definitivamente en suelo venezolano, iniciando así una historia que lo uniría para siempre con el pueblo tejerieño.
En Las Tejerías entabló amistad con doña Polonia Vega de Díaz, quien le alquiló una pieza en la calle Sucre, frente a la Plaza Bolívar de Las Tejerías. Allí instaló un taller y alquiler de bicicletas que rápidamente se convirtió en punto de encuentro; por un bolívar se podían alquilar durante dos horas, despertando la alegría de niños y jóvenes.
Su espíritu emprendedor lo llevó luego a regentar el “Bar Tejerías”, ubicado donde hoy funciona la Panadería La Mansión de la Gloria. De bicicletero pasó a tabernero, cervecero y anfitrión del tradicional hervido de gallina. Popularizó entre risas la ley de “El que nada da, come de último”, frase que retrataba su carácter franco y su sentido comunitario. Con orgullo paseaba por las calles en un Morris adquirido por 300 bolívares, siempre rodeado de amigos.
En 1953, cuando una empresa alemana instaló el reloj en el campanario de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen de Las Tejerías, Joaquín fue su ayudante. Más tarde asumió la responsabilidad de darle cuerda y mantenimiento durante más de tres décadas. Aquel reloj, con su imponente esfera de tres metros de diámetro —considerada la más grande de Latinoamérica— marcó las horas del pueblo bajo el cuidado constante de sus manos.
A comienzos de los años setenta vendió el bar y adquirió un inmueble en la calle Miranda, donde abrió nuevamente un taller y venta de bicicletas, negocio que con el tiempo continuó su hijastro Alí Troya, prolongando así su legado de trabajo.
Durante 40 años compartió su vida con la señora Ana Luisa Troya. El 15 de enero de 2003 partió al encuentro con el Señor, dejando tras de sí una estela de afecto, anécdotas y gratitud.
Hoy, cuando el recuerdo se asoma por las calles del pueblo, muchos aún imaginan su figura acercándose con paso firme y sonrisa franca. Porque hay personas que no se van del todo: se quedan en la memoria colectiva, en el sonido de un reloj que marca la hora y en un saludo que parece eterno…
“¿Cómo Sigue?, ¿Cómo Sigue…?”
Reseña histórica: Antonio Pestana
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Joaquín Da Rocha Sabenca en su tierra natal, Portugal. Sabenca es el señor del sombrero.
Fotografía: Ana Luisa Troya.
Joaquín Da Rocha Sabenca en su tierra natal, Portugal. Sabenca se encuentra del lado del automóvil.
Fotografía: Ana Luisa Troya.
Joaquín Da Rocha Sabenca en su taller de bicicletas, en la calle Sucre de Las Tejerías, frente a la plaza Bolívar, donde alquilaba cada bicicleta por un bolívar durante dos horas.
Fotografía: Ana Luisa Troya.
Parte delantera:
Carnet histórico de los primeros años del Club Social y Deportivo “Los Jabillos”, que reconoce a Joaquín Da Rocha Sabenca como el socio Nº 7.













