El Viejo Molino
Monumento histórico municipal, el molino de agua de la Hacienda El Palmar de Las Tejerías guarda la memoria de épocas pasadas, cuando lo bucólico dominaba el ambiente con pausada armonía.
Las espigas se mecían al compás de las suaves brisas, y los rayos solares se entrelazaban con la doradez de sus mechones rizados por el viento que descendía desde las hileras cercanas.
Todo era quietud; nada quebraba la serenidad del valle. Ni siquiera el murmullo de las aguas, que corrían sinuosas por la quebrada, alteraba aquel escenario natural.
Caña molida, olor a tierra mojada. El bagazo se retorcía y caía como desecho a un lado, mientras por el otro fluía el líquido embriagante, revelando la noble antigüedad del procedimiento.
El tiempo avanzó y el molino, cansado y envejecido, dejó de funcionar. Llegó el progreso, el ruido se hizo presente; una a una las espigas cedieron, y sobre ellas comenzaron a alzarse paredes.
El molino fue quedando en el olvido, y ya nadie volvió a recordar ni su presencia ni el servicio silencioso que prestó.
Hoy, la entumecida obra contempla el progreso que rodea su entorno, sin comprender cómo fue olvidada y relegada a un segundo plano, desconociendo la labor que cumplió en otros tiempos.
¡El viejo molino, hoy, está triste!




